"De las puntas de mis pies a mi cabeza tengo una escalera de latidos para que subas conmigo a las ramas en que se reparten los frutos, las semillas, las cinco semillas de los sentidos".
Cuculcán, Dios Maya del Maíz.
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Al igual que el Dios Cuculcán, sobre sus zancos amarillos pretendiendo parecerse al sol, tres jóvenes hermanos deciden un buen día elevarse del suelo, desafiando las leyes de la gravedad y jugando con el peligro, únicamente como diversión... diversión propia y tambien de los demás.
Dos estrechas vigas de maderas se convirtieron en extensiones de sus cuerpos, siendo el único hilo que, acompañado por el equilibrio, les mantienen en contacto con la tierra de la que el hombre siempre ha querido despegar sus pies.
Sus ropas adquieren llamativos colores, sus sonrisas son contagiosas, sus saltos, bailes y piruetas derrochan alegría incontrolable, que escapa hasta sumergirse en lo más hondo de quienes le acompañan.
Sus pies en las alturas, sus muecas y acrobacias, sus manos fantasiosas se encargan día con día de alegrar a más y más seres, habitantes de los más increíbles lugares, donde colocándose sus trajes y sus zancos, bailando el Chitic, reparten alegría los Zancudos Vivarachos. |